Algo que está claro es que a los lectores les gusta implicarse emocionalmente en lo que leen. Soy muy amigo de Stephen King, cosa que a alguna gente le sorprende, porque, según algunos, las novelas que escribe supuestamente no son literatura seria, aunque por lo general la gente que dice eso no ha abierto jamás un libro de Stephen King. Sin entrar en ese tipo de distinciones, hay algo que mis novelas comparten con las de Stephen King, y es que los dos buscamos perturbar al lector, hacerle sentirse incómodo. Aunque mi idea de lo que puede resultar perturbador sea muy distinta de la que pueda tener él, de lo que no hay duda es de que, a juzgar por la cantidad de lectores que tengo yo (y él tiene muchísimos más), a los lectores les gusta que los perturben, que los incomoden. Buscan experiencias catárticas en la lectura, a los lectores les encanta por ejemplo sentir miedo, experimentar alguna forma de terror. Ahora bien, las historias de horror convencional no son la única manera de asustar a la gente, hay otros niveles a los que se puede provocar terror, psicológicamente y de otros modos. Se puede hacer que la gente vuelva a tener sensaciones de inseguridad, que se sientan amenazados de manera parecida a como les ocurrió durante su infancia. Yo diría que en la mayoría de mis novelas obligo al lector a regresar a la infancia y a la adolescencia. Y hay mucha gente a la que eso no le gusta, sobre todo si se les lleva al terreno de la experiencia sexual.

John Irving, Babelia 29 de abril